CASTILLOS DEL LOIRA (I)

El nombre “Castillos del Loira” agrupa un número de fortificaciones que se encuentran en el curso del río Loira, en Francia, desde Saint Brisson-sur-Loire hasta Nantes. Se enmarcan en el estilo renacentista francés (siglos XV-XVI) aunque muchos de ellos con origen en la Edad Media. A diferencia de los castillos de otras regiones de Francia que tenían una finalidad militar y defensiva, los Castillos del Loira eran habitualmente residencias de reyes y nobles.

En el año 2000, 280 kilómetros del Valle fueron incluidos en la lista del Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, en concreto la zona comprendida entre Sully-sur-Loire y Chalonnes-sur-Loire.

No hay una lista oficial pero se estiman en 42 los que podrían incluirse en el grupo.

En esta serie que hoy comenzamos, vamos a hacer un pequeño recorrido por diez de ellos, tal vez los más conocidos, los de mayor renombre…, sin olvidar que todos ellos merecen su reconocimiento.

Empezaremos por Sully-sur-Loire y Chambord.

SULLY-SUR-LOIRE

Situado a la orilla del Loira, en la comuna de su mismo nombre, departamento de Loiret de la Región central de Francia, fue clasificado como Monumento Histórico en 1928. Es el primero en la conocida ruta por los Castillos del Loira.

Tras las imponentes torres, sus atalayas cónicas y su silueta militar se esconden estancias de enorme lujo y belleza renacentistas de las que disfrutó Maximilien de Béthune (1559-1641) el primer Duque de Sully (conocido como el Gran Sully), quien lo compró en 1602 y lo transformó, añadiéndole un parque. En él se alojaron también personajes ilustres como Juana de Arco, Luis XIV o Voltaire.

Las primeras noticias que se tienen del castillo son de 1102 cuando actuaba de punto de defensa de un puente sobre el Loira, que desapareció en el siglo XIV.

En 1218 Felipe II de Francia construyó una gran torre, por desgracia hoy desaparecida. Luego, en 1396 Guy de La Trémouille inició la construcción del actual castillo, bajo planos de Raymond du Temple (arquitecto del rey y del duque de Orleans).

Tras destrucciones y reconstrucciones a lo largo del tiempo, en 1962 lo adquirió el Consejo General de Loiret y lo restauró.

La fortaleza medieval está rodeada por un gran foso, cuya agua proviene del Marcon, y está compuesta por una torre y un castillo. El edificio de planta rectangular está flanqueado por cuatro torres circulares, una puerta y dos torres al sur. Al sur de la mazmorra incluye un edificio y dos torres; una construida a mediados del siglo XV sobre una torre más antigua, y la otra, llamada «torre de Béthune», una torre de cañón construida en 1605. La casa es de la primera mitad del siglo XV. Los interiores fueron reformados (decoración y muebles) a finales del siglo XIX. El cuerpo que une al pequeño castillo con la mazmorra fue añadido en el siglo XVIII, y reconstruido tras un incendio en 1918. Puertas de madera del siglo XVII, pinturas, tapices, mobiliario de época, una puerta de hierro o un bajo techo del siglo XIV en la bóveda de cañón, son algunos de los elementos que se reparten por su interior.

Está rodeado de un gran parque flanqueado por canales que lo mantienen a salvo de las posibles crecidas del río Loira.

CHAMBORD

Situado en la región del Centro-Valle de Loira es el castillo más grande y espectacular de los Castillos del Loira.

Es conocido como el capricho del rey Francisco I y en realidad fue concebido como pabellón de caza y símbolo de su poder, en el que solo permaneció 50 días. Domenico da Cortona fue el encargado por el rey para su construcción aunque se cree que en gran parte tiene inspiración de Leonardo da Vinci (la escalera de doble hélice), quien pasó algunos años al servicio de Francisco I. Mezcla la decoración renacentista y la medieval, y está considerado una maravilla de la construcción.

Está rodeado de un muro de dos metros y medio de alto y 32 kilómetros. Fue la muralla más larga de Francia y su objetivo era evitar el escape de los animales. 440 habitaciones (de las que se pueden visitar 60), 365 chimeneas, y 84 escaleras, son algunos de sus números. Las habitaciones no estaban amuebladas ni decoradas, sino que era la corte la que debía traer consigo los utensilios necesarios para utilizarlas. Pilastras a lo largo de la fachada, capiteles con cabezas talladas, conchas que adornan los frisos o las balaustradas de las terrazas, o la maravilla del tejado, que cuenta con terrazas con impresionantes vistas, pináculos, claraboyas y tiros de chimenea profusamente ornamentados. La salamandra está representada más de 300 veces en techos y paredes, era el emblema de Francisco I y la creencia popular decía que el animal podía resistir las llamas.

Mención aparte merece la excepcional escalera de doble espiral situada justo en el centro de la torre del homenaje y que permite subir y bajar pisos sin que se crucen, sin que siquiera se vean sus ocupantes.

El parque del castillo es tan vasto como el París intramuros, el parque cerrado más grande de Europa: 5.440 hectáreas rodeadas por los 32 kilómetros de muros y 52,5 kilómetros cuadrados de árboles. Más de 20 kilómetros de senderos permiten pasear hasta perderse.

Más de ochenta años tras la muerte de Francisco I, se fue deteriorando hasta que en 1639 el rey Luis XIII se lo dio a su hermano Gastón d’Orléans, quien evitó que el castillo cayera en la ruina restaurándolo.

Más de 4.500 objetos de arte se recopilan en las habitaciones, agrupadas en apartamentos independientes, un rasgo peculiar y tradicional de los castillos franceses.

En 2017, Chambord recuperó la espectacularidad de sus jardines. 600 árboles, 800 arbustos, 200 rosas, 15.250 plantas y 18.874 metros cuadrados de césped. Una gran obra después de 16 años de estudio para una recuperación de los jardines casi iguales de como fueron concebidos bajo el reinado de Luis XIV.

En 1840, fue inscrito en la lista de monumentos históricos del país y declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1981. Actualmente forma parte del conjunto de Castillos del Loira que fueron declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, al igual que el anterior Sully-sur Loire.

 

Espectaculares construcciones pétreas que dejan constancia de la maestría de los antiguos artesanos. Edificaciones que perduran en el tiempo y nos hacen viajar a través de el, remontarnos a épocas pasadas, esas en las que el poder absoluto, la ostentación, el lujo y la grandiosidad eran las consignas repetidas entre los cortesanos y los reyes.

Si has tenido la oportunidad de visitar alguno de ellos, comparte con nuestros viajeros en ruta tu experiencia, y sino, date el capricho y estate atento a nuestra próxima programación de circuitos que seguro incluirá algún recorrido por estos maravillosos parajes.

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