ORIGEN DE LAS TARJETAS NAVIDEÑAS

Cuando llegan fechas especiales, recordamos a nuestros seres queridos, aquellos que tenemos cerca y con los que podemos estar a menudo, los que están lejos y no tenemos oportunidad de ver tanto como quisiéramos, familia y amigos a los que añoramos. Pero nuestros anhelos se extienden también a aquellos con los que hemos coincidido a lo largo de nuestra vida, en trabajos, reuniones, viajes… Son tiempos de recuerdos, nostalgia en los que el espíritu navideño se hace extensivo a todos cuantos nos rodean. Desde tiempos remotos se extendió la costumbre de hacer llegar a todas esas personas nuestras felicitaciones, nuestros mejores deseos de paz, de prosperidad, de amor.

En la época de Navidad, dedicábamos un poco de nuestro tiempo a redactar esas pequeñas tarjetitas con motivos especiales para hacer llegar esos deseos. Seguro que la mayor parte de vosotros recordáis esos momentos en los que a veces teníais que rebuscar la dirección de aquel amigo de…

Hoy las cosas ya no son así, y las tarjetas han quedado para unos pocos nostálgicos o para los coleccionistas del pasado. La era de internet, de los ordenadores, las tablets y sobre todo los teléfonos móviles, con los emails, los chats o las mensajerías instantáneas, han cambiado un poco las cosas. Hay aplicaciones que nos preparan las más bonitas y tiernas felicitaciones, las más graciosas, con las frases de autores célebres. Listas en un momento y casi personalizadas, donde solo tienes que poner el nombre de la persona a la que va dirigida. Para el mejor padre, madre, hermano o hermana, primo o prima, tíos, novios, amigos íntimos y no tan íntimos… La inmediatez en el deseo y en la respuesta, que además nos hace un poco más pícaros, jugando un poco con aquello de: “esperaré y solo felicitaré a aquellos que me feliciten a mi”.

Pero para los que no llegaron a vivir la ceremonia del envío de las tarjetas de navidad, hoy más conocidas por el anglicismo “Christmas”, vamos a recordar como empezó todo esto.

Las primeras tarjetas de Navidad comerciales fueron enviadas por Sir Henry Cole en Londres en 1843, a sus muchos allegados, y ofrecían una ilustración de su amigo Juan Callcott Horsley. Una litografía coloreada a mano en la que se leía “Feliz Navidad y Feliz Año Nuevo para usted”, que mostraba una familia brindando y en los laterales dos buenas acciones, gente dando de comer a los necesitados en un lado, y en el otro ropa a los pobres. La imagen fue criticada por muchos puritanos, que decían que fomentaba la bebida. Se imprimieron 1.000 tarjetas y las que Cole no utilizó las vendió por un chelín cada una en Old Bond Street. Una de estas fue subastada y se pagaron ocho mil quinientas libras en 2005.

En 1860, Thomas Nast, creador de la imagen de Santa Claus, comenzó a vender tarjetas de Navidad en las que aparecía también impresa la frase “Feliz Navidad” y en 1862 se comenzaron a imprimir en serie con un tremendo éxito.

Continuaron desarrollándose durante el siglo XX cambiando la temática en el periodo de las guerras mundiales, con motivos más patrióticos. Pero las tarjetas navideñas nacieron “oficialmente” en 1893 cuando la Reina Victoria encargó 1.000 tarjetas a una imprenta británica, con retratos que reflejaban los acontecimientos de la familia más significativos del año.

Una derivación de las postales fue la de algunos gremios de trabajadores que las repartían con la intención de recibir el aguinaldo”. Serenos, panaderos, lecheros, barberos, repartidores de periódico, modistas… felicitaban las pascuas tarjetas con motivos del desempeño de sus trabajos.

En España, la primera constancia que se tiene de esta práctica data del año 1831 cuando los trabajadores del Diario de Barcelona decidieron que sus repartidores entregaran en mano a todos sus suscriptores una felicitación impresa por Navidad.

Esta costumbre fue derivando en una práctica incómoda y terminó por desaparecer a mediados del siglo XX.

Imágenes nostálgicas, sentimentales, a menudo religiosas, con motivos victorianos, con flores, hadas, o paisajes invernales, chistosas, infantiles, o escenas cotidianas, con los materiales cada vez más elaborados, las técnicas de impresión cada vez mejores, hicieron que las tarjetas de navidad se popularizasen. Pero por otro lado, los avances en la fotografía digital y en la calidad de impresión han proporcionado una manera más tecnológica de personalizarlas y añadirles mensajes, y como decíamos al comienzo, hacer de la inmediatez la característica más notable.

Pocos son ya los afortunados que continúan con esta tradición hoy casi perdida. La mayoría caemos en la felicitación rápida, la de whatsapp, email o mensaje. ¿Sigues la tradición o te has apuntado a las nuevas tecnologías? Compártelo con nuestros viajeros en ruta.

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